Mario Arturo Martínez |
La siembra de la milpa en El Portillo Mata Gallinas, ranchería de San Pedro y San Pablo Ayutla es un proceso que refleja la unión de esta comunidad, y su herencia cultural, es un momento en que las familias se unen, las amistades se fortalecen y los conocimientos se comparten, todo esto rodeado de comida y bebida preparada específicamente para este día.
Con antelación la familia dueña del terreno o parcela a sembrar, invita a amistades y familiares al día de siembra, en el pasado esta invitación se hacía llevando una cajetilla de cigarros, quien aceptaba ir a sembrar tomaba un cigarro y era un compromiso irrompible, hoy en día lo más común es hacer una invitación verbal pero el compromiso es igual de fuerte.

Alma Delia Ruiz Mendoza es ingeniera agrónoma con una maestría en desarrollo rural, para sembrar su pequeña parcela invitó a Celia Martínez amiga y experta agricultora, a sus tías Caro y Tina, Celia acudió al llamado acompañada de su hija Gina Xóchitl, así poco a poco se reunieron ocho mujeres para este proceso.
El día de siembra comienza a las cuatro de la mañana, la familia se reúne, rezan a la madre tierra, ofrendan tamales, gallinas y tepache, “esto se hace para que la madre tierra, el viento, cerros y lo que mueve el aire, nos escuchen, nos vean, para que cuando nosotros sembremos llueva”, comenta Celia.
Al terminar la ofrenda comienza el trabajo en la cocina, el plato protagonista del desayuno es el amarillo de frijol, hecho con frijoles preferentemente cultivados en la parcela, lleva hojas de aguacatillo, cilantro, ajillo y un poco de masa de maíz, que le otorga un ligero espesor, se sirve a las siete de la mañana acompañado de café, pan, tortillas, chintextle y un poquito de mezcal.
Las personas que ayudan a sembrar la parcela llegan a la casa anfitriona, desayunan, recogen las semillas y comienzan su labor en el campo. Para la parcela de Delia han seleccionado las mejores semillas de su cosecha anterior, cada pequeño hoyo en la tierra lleva una semilla de maíz, una de calabaza y una de frijol.
En la cocina el movimiento no para, la masa de maíz se envuelve en hojas para convertirse en tamales, las ollas hierven, en su interior las gallinas y los condimentos se cuecen, es medio día, Alma utiliza un molino de mano para triturar maíz, pide ayuda a su madre para determinar el punto exacto, sirve una jarra grande de tepache dulce y sale al campo.
Al llegar a la parcela todas hacen una pausa en la siembra, se sientan bajo la sombra de un árbol, Alma lleva en una mano el tepache y en la otra el maíz triturado, lo sirve en tazones de barro, Celia comparte un poco con la madre tierra, reza en Ayuuk y brinda con todas.
Las pequeñas extensiones territoriales que siembran no generan un bien económico, sin embargo, hay una multitud de razones para continuar haciéndolo, por ejemplo, el autoconsumo o la conservación de la variedad de las especies, Alma recuerda que en la región hay especies de maíz que se siembran porque su hoja es predilecta para la elaboración de tamales. Celia por su parte se llena de orgullo al cultivar la tierra, “la madre tierra nos da todo, nos mantiene, lo solventa todo, muchos dicen: es mucha inversión y se gana poco, eso es verdad, pero el orgullo está aquí, nosotros, cuando tenemos nuestro granito lo conservamos mucho, ahí está guardadito, cuando escasea ahí es que regresamos, ese es nuestro tesoro y ese es el orgullo por trabajar el campo y así es como he compartido esta tradición con mis hijas.”
Gina Xóchitl Martínez, tiene 15 años, suele acompañar a su mamá en el trabajo de campo, tiene interés en preservar la siembra de la milpa, las tradiciones y conocimientos que ha aprendido acompañando a su madre en este proceso, “cada vez que acompaño a mi mamá aprendo cosas nuevas de mi mamá y de las personas, me gusta aprender, me gusta estar en el campo, a veces no tengo tiempo, pero siempre hago lo posible por ayudar” comenta Xóchitl.
El caso de Gina no es la generalidad en las comunidades cercanas, el cultivo de la milpa es menor con el paso de los años, en gran medida por el desinterés de las personas jóvenes. Esto pone en riesgo además de la milpa a todas las tradiciones y manifestaciones culturales vinculadas a la siembra y la cosecha, “es algo que se está perdiendo, principalmente por la educación de ahora, que es estudiar para tener dinero, y estudiar carreras que no tiene relación con el campo, porque siempre se relaciona el capo con la pobreza” comenta Alma Delia.
La semilla está en la tierra, Celia, Alma, y todas las participantes celebran, es un momento de alegría, se miran, platican, bromean, se sonríen, recogen las herramientas y caminan a casa de Alma.
En la cocina todo está listo, los tamales se cocieron y el caldo mixe está en su punto, han preparado todo con meticulosidad, es una comida especial para cerrar el día, es la tradición.

Alma reconoce que mantener la tradición viva requiere de un gran nivel de responsabilidad, la comida, las invitadas, la reciprocidad del trabajo. Por otro lado, le llevó tiempo comprender la importancia de la tradición, recuerda como su formación técnica contrastaba con la cosmovisión local, “cuando yo empecé a sembrar, todavía no se me quitaba esa parte técnica, para producir más, no entendía la parte de religiosidad de la gente, hasta hace poco, mi mamá me decía: te hace falta hacer la parte más importante, la parte de la religiosidad, yo no hacia todo esto, apenas te va cayendo el veinte, vas entendiendo que esto engloba un todo,” comenta.
Celia por su parte ve la tradición amenazada, muchas personas se burlan de quienes aún la mantienen, la vergüenza hace que no quieran continuar con la tradición, “tal vez dirán: no es cierto, es mentira, como quiera va a llover o no va a llover; así lo han tomado y se va perdiéndo, cuando uno lo pone ahí (la ofrenda a la tierra) algunos se quedan burlando, criticando, por eso a veces da pena hacer eso (la tradición) o invitar gente, mejor que no vean lo que estoy haciendo, prefiero sembrar solo, yo sé lo que hago, y así es como se va perdiendo”
El día de siembra a terminado, la tradición culmina con la comida, la mesa está servida, todas la comparten, también comparten el caldo mixe, los tamales, las anécdotas de la siembra, los consejos, las semillas.

























